sábado, 23 de enero de 2010

ESENCIA Y ESTRUCTURA DEL NACIONALSOCIALISMO


Por el Dr. JOSEPH GOEBBELS
Ministro de Esclarecimiento y Propaganda del III Reich.

Es imposible interpretar de manera totalmente abarcadora, en un compendio temporalmente limitado, la esencialidad del Nacionalsocialismo, ya que se trata del examen de un Movimiento y de una Idea que con ímpetu dinámico irrumpieron en la vida pública alemana, cambiando desde el fundamento todas las condiciones y relaciones de los seres humanos entre sí. A ello se agrega que el Nacionalsocialismo hoy aún no representa algo devenido, sino algo que está deviniendo, que está sometido a continuos cambios y transformaciones, y por este motivo no puede ser definido en su totalidad.

No queremos examinar el Nacionalsocialismo como fenómeno integral, sino esclarecer los conceptos básicos del pensar nacionalsocialista y exponer aquellos pilares racionales en los cuales descansa nuestro edificio ideológico, delimitarlos, y deducir de estos conceptos básicos no sólo la posibilidad, sino la necesidad de la realidad nacionalsocialista.
Como toda gran visión del mundo también el Nacionalsocialismo se apoya en pocos conceptos básicos, que poseen un hondo sentido interior.

La explicación simple de todos los errores fundamentales en los pasados 14 años de política alemana, reside en que nosotros, los alemanes, nunca nos confrontamos con nuestras cuestiones de destino ni como individuos ni como organización o partido. Es cierto que se discutía sobre conceptos, pero, desde el comienzo era imposible ponernos de acuerdo sobre los principios esenciales de nuestro pensar político, porque cada cual tomaba para sí el derecho de entender bajo ellos algo distinto. Lo que uno entendía por "democracia", el otro lo consideraba como "monarquía", uno decía "negro-blanco-rojo", el otro,"negro-rojo-oro", lo que uno conceptuaba como "autoridad estatal", el otro lo veía como "sistema parlamentario".

Sobre estos conceptos hemos discutido y nos hemos acalorado las cabezas. Si hace 14 años al comienzo de la controversia política uno se hubiese tomado el trabajo de esclarecer estas ideas políticas y constatar qué es lo que en realidad el individuo entendía por "democracia o "monarquía", bajo "sistema" o "autoridad estatal", se hubiera hecho evidente que nosotros, los alemanes, si bien estábamos acordes en cuanto a los principios básicos, los designábamos, en cambio, con distintos nombres.

Ahora bien: el Nacionalsocialismo ha simplificado la forma de pensar del pueblo alemán y la ha retrotraído a sus primitivas fórmulas originarias.

El ha llevado nuevamente los en sí complicados procesos de la vida político-económica a su fórmula más simple. Esto sucedió en base a la natural reflexión de volver a aproximar a las anchas masas del pueblo a la vida política. Para encontrar comprensión en las masas populares ejercimos conscientemente una propaganda vinculada al pueblo. De esta manera hemos llevado a la calle realidades que anteriormente sólo eran accesibles a algunos especialistas y expertos, y las hemos martillado en el cerebro del hombre común, todas las cosas fueron expuestas tan sencillamente que incluso el intelecto más primitivo las pudo captar. Nos negamos a operar con conceptos borrosos, aguados y nebulosos, sino que dimos a todas las cosas un sentido claramente delimitado.

Aquí reside el misterio de nuestros éxitos.
Los partidos burgueses, en su irreflexión, se sentían muy por encima de nuestro "culto a lo primitivo", nos enjuiciaban con una arrogancia intelectual distinguida y llegaban a la errónea consecuencia de que ellos eran los hombres de Estado y nosotros los tambores. En el mejor de los casos nos consideraban como agitadores y paladines de la concepción del mundo burgués. Pero nosotros nos habíamos planteado otros cometidos que conquistar tronos tambaleantes para dejarlos después de la decisión magnánimamente a los otros.

Como poseíamos la capacidad de ver y representar claramente los principios fundamentales de la situación alemana y de la vida comunitaria alemana, también tuvimos la fuerza de mover a las anchas masas de nuestro pueblo por estos principios y fórmulas originarias de la vida política recientemente percibidos. Este proceso puramente agitatorio no quedó sin consecuencias incisivas a nivel del poder político.

Yo veo en este éxito la premisa de un entendimiento político de los alemanes. Si no aplicamos en todas partes el mismo procedimiento de clarificación de los conceptos, todo acuerdo queda excluido. La primera necesidad de toda discusión política reside en esta delimitación de conceptos y en esta declaración de principios y es importante que del capítulo "Definición" se pueda vislumbrar sin dificultad la práctica política.

El que una vez reconoce claramente los conceptos básicos ve con asombro que de ellos resulta casi orgánica, natural y lógicamente la práctica política. Se le hace evidente adónde debe conducir la evolución política y que, por consiguiente, también el proceso que se desarrolló en Alemania a partir del comienzo de la Revolución Nacionalsocialista no puede ser considerado como terminado, sino que debe ser continuado, que en realidad recién puede encontrar su fin cuando en Alemania el modo de pensar nacionalsocialista haya renovado desde la base y llenado plenamente con su contenido la totalidad de la vida política y privada.

Se dice hoy en Alemania: "Hemos hecho una revolución". Pero no saben qué es lo que esta Revolución significa en detalle, lo que representa analizada de manera dinámica, histórica y evolutiva. Hasta hay connacionales que no quieren admitir siquiera que en Alemania ha tenido lugar una revolución.

¿Qué es esto de la "revolución"? Antes de producirse el vuelco nacionalsocialista se asociaba en general con el concepto de revolución, características que en realidad sólo tenían indirectamente algo que ver con el sentido primario de lo revolucionario. Bajo "revolución" uno se imaginaba un suceso político que con la ayuda de cualesquiera medios de poder se desarrolla sobre las barricadas y se dirige contra las leyes existentes. Se sabía sólo acerca del suceso visible, o sea el desposeimiento violento de una capa dominante y la conquista del Estado a través de un nuevo grupo de poder que procede con violencia. La realización invisible, sin embargo, significa algo muy distinto. A ella no pertenece de modo inseparable la idea de barricada, así como también de ninguna manera siempre debe ser la característica de una genuina revolución. Una revolución puede realizarse incruenta y legalmente, es posible que un grupo de poder vaya a las barricadas sin tener el designio de una revolución. La revolución es un proceso dinámico que posee su propia legalidad y que tiene como meta trasladar su dinámica y su legalidad, hasta ahora privilegio de la oposición, a la legalidad estatal.

Carece absolutamente de significación con que medio esto sucede. En la caracterización de una revolución el medio, violento o legal, no juega ningún rol. De esto la Revolución Alemana aporta la prueba clásica, porque ella fue realizada por vía legal bajo estricta observación de las leyes existentes y ha traído consigo, a pesar de ello, la más grande y profunda transformación espiritual, cultural, económica y social como jamás hubo en la historia mundial. Y ello es debido a una característica especial, a saber, que la Revolución Alemana ha sido hecha desde abajo y no desde arriba.

Existen revoluciones desde arriba y revoluciones desde abajo. Se distinguen menos por el ámbito de poder que conquistan que por la durabilidad con que pueden mantener este ámbito de poder. Una revolución desde arriba es inorgánica, y por lo común, será de escasa importancia histórica.
Una revolución desde abajo es orgánica y perdura durante siglos. Sin preparación espiritual es muy difícil, por no decir imposible, imponer a un pueblo desde arriba una nueva legalidad, por eso las revoluciones desde arriba casi siempre tienen sólo corta duración.

A la inversa sucede con las revoluciones desde abajo: su legalidad no es inventada por un pequeño grupo de hombres, arriba, en el escritorio y realizada compulsivamente, sino que ya ha sido vivida desde abajo, en el pueblo, y desarrollada hacia arriba. Si un pueblo no está preparado para una revolución, aunque un grupo revolucionario pueda conquistar el poder y tener la mejor meta delante de los ojos, no conservará durante mucho tiempo ese poder. Las revoluciones desde arriba generalmente se llevan a cabo con mucha rapidez. Un puñado de generales u hombres de Estado se alían, derrocan al régimen y se hacen cargo del poder. Las revoluciones desde abajo, crecen desde la profundidad, se desarrollan a partir de las más minúsculas células
Primigenias del pueblo, de 10 revolucionarios se hacen 100, de 1000, 10000 y en el momento en que la fuerza dinámica de la oposición revolucionaria es más potente que el aparato paulatinamente desamparado, la revolución ya está espiritualmente ganada. Con la conquista del poder y la unión con el aparato estatal se realiza, lo que vivimos en Alemania a partir del 30 de enero de 1933. No es la "revolución" en sí, sino la última parte de un acto revolucionario. En forma visible la legalidad, la mentalidad y la dinámica de la revolución ?crecida en decenios desde las profundas raíces de la fuerza popular- es trasladada al Estado.

Hemos vivido en Alemania el milagro: sin derramamiento de sangre y sin barricadas ni ametralladoras se realizó en el seno de nuestro pueblo de 60 millones, una revolución cuya dinámica propia no se detuvo en ninguna parte, que con soberana lógica y naturalidad ocupó todos los terrenos y cuya legalidad dominó todas las cosas. En el transcurso de los meses pasados los hombres de la Revolución fijaron el ritmo de las transformaciones. ¡El resultado es un Estado Nuevo!

Se realizó, en efecto, no otra cosa que la contraposición de la legalidad revolucionaria al Estado. Las autoridades nacionalsocialistas fueron a partir de entonces las autoridades del Estado, las leyes de la Revolución se convirtieron en las leyes estatales y el modo de pensar nacionalsocialista se extendió a la Nación entera. No hubo nada en Alemania que se hubiese podido sustraer a la progresión legal de este proceso histórico.

Jamás la Revolución se hubiera impuesto si solamente hubiera sido llevada por la intención usurpadora de un grupo de hombres, cuya conquista del poder se hubiera realizado sin el sentido interno de una idea. ¡Con la revolución Nacionalsocialista ha hecho irrupción una visión del mundo!

Y esto es su característica más esencial- no tiene nada que ver con el saber. Un pobre y desconocido trabajador con escasos conocimientos puede defender una visión del mundo, mientras que de ninguna manera esto necesita ser el caso en un erudito profesor universitario, que domina soberanamente todos los campos del saber. La experiencia hasta enseña que cuanto mayor es el saber, frecuentemente tanto menor es el coraje de defender una visión del mundo. Una visión del mundo es una manera determinada de ver el mundo. Condición previa para ello es que este modo de ver se realice siempre bajo el mismo ángulo visual. El representante de una visión del mundo no aplica otra vara de medir a la economía que a la política y considera a la vida cultural en relación orgánica con lo social y a la política exterior en relación orgánica con la situación política interior. La visión del mundo significa observar a los seres humanos y a sus circunstancias con respecto al mundo, al Estado, a la economía, a la cultura y a la religión siempre desde el mismo ángulo visual. Este proceso no requiere un gran programa, sino que por lo general puede ser definido en una breve frase. Por cierto, es decisivo si esta sentencia es exacta o errónea. Si es exacta determinará la fortuna de un pueblo durante varios siglos o milenios, si es errónea, el sistema que surgió de ella bien pronto se desintegrará.

Conforme a ello han transcurrido todas las grandes revoluciones de la historia. Jamás se halló al comienzo de una revolución un libro o un programa con su articulado, sino siempre sólo una consigna única, que colocaba toda la vida pública y privada a su sombra.
Así la gran dimensión de la doctrina moral y de la religión cristiana no ha sido, acaso, fijada por su maestro mismo.

Cristo sólo aclaró el concepto básico del amor al prójimo, todo lo demás es la obra de los Padres de la Iglesia. El amor al prójimo era tan diametralmente opuesto a los conceptos del mundo antiguo, que entre estos dos polos no era posible entendimiento alguno y, bien el mundo antiguo eliminaba la doctrina cristiana o el Cristianismo a la Antigüedad.
Los revolucionarios no tienen la intención de quedarse atascados en la teoría, sino que avanzan desde la teoría a la acción y ven tan claramente la evolución, que huelga toda discusión sobre la realización de sus consignas.
De la misma manera que las doctrinas de la Revolución Cristiana y de la francesa, se harán realidad las consignas de la Revolución Nacionalsocialista.
Antes se mofaba el mundo burgués en Alemania: "El programa del Nacionalsocialismo significa carencia de programa". Nosotros, los nacionalsocialistas, en cambio, no nos sentimos padres de la Iglesia, sino agitadores y adalides de nuestra doctrina. No teníamos la intención de fundamentar científicamente nuestra visión del mundo, sino de realizar su doctrina, quedando reservado a los tiempos ulteriores el declarar valedera la práctica como objeto de cognición de la idea. Jamás debe ser el cometido de juristas determinar las formas de vida de un pueblo. Las constituciones que se hacen sobre el papel nunca darán al pueblo la constitución.
La naturaleza pasa por encima de la ciencia y plasma su propia vida. ¡Así sucedió también con la Revolución Nacionalsocialista!

Poco antes de nuestra asunción al poder la ciencia trató de probar que éste o aquél suceso revolucionario no concordaba con las leyes vigentes y no se tuvo empacho en llevar las controversias político-estatales a la Suprema Corte de Justicia. Entonces sólo hemos sonreído, porque mientras la ciencia afirmaba que así no debía ser como era, las cosas hacía rato que ya se habían impuesto. La ciencia sólo tiene el derecho de extraer de las circunstancias existentes una nueva legalidad y por eso la situación generada por la transposición de nuestra legalidad revolucionaria nacionalsocialista al estado, es la ley.

Ella representa en nuevo estado normal para el pueblo y se sustrae a la crítica científica. La revolución se ha convertido en realidad y sólo reaccionarios y dementes pueden creer que cualquier cosa de todo aquello a lo que damos forma podría volver a quedar como antes.
El Nacionalsocialismo está ahora pronto a estabilizar lentamente el nuevo Estado de derecho revolucionariamente formado en Alemania. El se diferencia fundamentalmente de la vieja legalidad y se sustrae también a las posibilidades de crítica que el mismo pudo aplicar en el viejo sistema. Si la democracia nos concedió en tiempos de la oposición métodos democráticos, ello ciertamente debía suceder en un sistema democrático. Pero nosotros, los nacionalsocialistas, nunca afirmamos ser representantes de un punto de vista democrático, sino que hemos declarado francamente que sólo nos servíamos de los métodos democráticos para ganar el poder y que después de la conquista del poder denegaríamos desconsideradamente a nuestros adversarios todos los medios que en tiempos de la oposición se nos habían concedido. A pesar de ello, podemos declarar que nuestro Gobierno corresponde a las leyes de una
democracia ennoblecida.

Nosotros hemos sido los soberanos maestros de la crítica y hoy nos podemos colocar unánimemente en el punto de vista del derecho a la crítica. Sólo con una diferencia: el derecho a la crítica, si ha de tener un sentido y no representa una insensatez democrática, para beneficio de un pueblo, que ciertamente debe estar por encima de todas las cosas de la política, sólo puede ser concebido siempre al más inteligente sobre el más tonto y nunca a la inversa. Por consiguiente, sólo queda por traer la prueba de que nosotros, los nacionalsocialistas, durante la oposición aparentemente fuimos los más inteligentes.

El adversario estaba en posesión del poder, del Ejército, de la Policía, del aparato de funcionarios públicos, del dinero, de los partidos y de la mayoría parlamentaria, dominaba la opinión pública, la prensa, la radiodifusión, en resumen, todo lo que se puede reunir bajo el concepto general de "poder". Ahora bien: si sólo con el derecho de crítica a un pequeño grupo que comenzó con siete hombres le fue posible en 14 años disputar al adversario este derecho junto con el poder, entonces aparece como incuestionable quien era más inteligente. Si el lado opositor hubiera sido más inteligente, con una distribución en tal forma desigual de los medios de éxito hubiera debido encontrar vías y posibilidades para impedirnos su desposesión Esto no ocurrió, al contrario, porque si bien logró detener la realización orgánica de la revolución durante un cierto tiempo, no obstante, la nueva legalidad se llevó la victoria.

Cuando la revolución Alemana se puso de manifiesto en forma visible el 30 de enero de 1933 y el Movimiento Nacionalsocialista se desposó con el poder, casi tenía la apariencia de que recién ese día había estallado. Pero efectivamente había comenzado mucho antes, quizás ya con el estallido de la guerra y con la firma del Tratado de Versalles. Ejerció su efecto en el curso de los años, reclutó adeptos, estructuró la vida comunitaria de sus seguidores, creó nuevas autoridades, nuevas formas de existencia, nuevos modos de apreciación y un nuevo estilo, que trasladó en el día de la conquista del poder al Nuevo Estado.

El 1 de agosto de 1914 es visto, históricamente, el punto de cisura, y ya entonces debió resultar claro para toda persona que pensaba a nivel histórico: "Dónde hoy terminamos no podemos volver a empezar después de la Gran Guerra". Nueve millones de hombres alemanes pasaron los más terribles sufrimientos corporales y anímicos, atravesaron todos los infiernos y purgatorios del dolor, de la pena, del renunciamiento y de la depresión humanos. Para ellos era imposible volver a empezar donde cuatro años atrás habían terminado. No, estos hombres trajeron consigo de las trincheras un nuevo modo de pensar. Ellos habían vivido en los terribles apremios y peligros una nueva especie de comunidad que en tiempos de bonanza nunca les hubiera podido ser deparada. Habían llegado a conocer la igualación soberana de la muerte y poseído la vivencia de que en último término sólo quedan firmes los valores del carácter. Ahí no tenía importancia la posesión, la instrucción o un apellido noble, ninguna diferencia guiaba las balas en su curso, que en eterna igualación segaban lo alto y lo bajo, lo pobre y lo rico, lo grande y lo pequeño.

Entre los hombres quedaba una única diferencia: el valor personal. El uniforme no podía nunca nivelar cuando uno era valiente y el otro cobarde, cuando uno se acreditaba como hombre y arriesgaba su vida, mientras el otro trataba de escabullirse. Era lógico y natural que de las trincheras fuera traspasada a la Patria y que los viejos "hombres de Estado", que se habían quedado en casa y no sentían el menor hálito de esta nueva postura, se alzasen contra ella.
Pero era sólo una cuestión de tiempo para que según la ley de la fuerza, los más jóvenes, los más duros y los más valientes venciesen sobre los más viejos y los más cobardes.

Los nueve millones de soldados alemanes del frente sabían lo resquebrajado de aquél régimen que con empeño de su vida defendían en aras de la Nación. Ellos habían participado de la vivencia de cómo todo el mundo se alzó contra Alemania, reconociendo que únicamente con el empeño de toda las fuerzas esta amenaza podría ser apartada. Se hizo evidente que también el más pobre connacional se pronunciaba por su Nación, pese a que como posesión nunca la había sentido. No sabía nada de los valores culturales de su país, en el mejor de los casos conocía sólo de oídas los nombres de Wagner, Beethoven, Mozart, Goethe, Kant o Schopenhauer. Hubiera tenido derecho a decir: "a mi las minas y los filones metalíferos no me importan absolutamente nada, porque es de presumir que para mí será del todo indiferente si trabajo con un propietario Alemán o con uno Francés". Y, sin embargo, fue el caso que estos hombres se empeñaban por un ideal que en sus grandes lineamientos ni siquiera conocían. Cuando luego vino la más dura prueba de resistencia, millones abandonaron nuevamente este ideal por desconocimiento y debilidad. Pero nosotros no éramos un Estado popular, porque el crece en los peligros. Un pueblo jamás abandonará su propio Estado.

La evolución contraria pasó en el Movimiento Nacionalsocialista. Durante las crisis nunca se desprendieron los partidarios, sino siempre solamente los adherentes y electores del Movimiento. El partidario, en cambio, se hacía tanto más rabioso y activo para volver a reparar la mella. Así también ha de suceder en un pueblo que permanece claramente consciente del valor y de la posesión del Estado popular. Si los hombres que afuera empeñaban su vida hubiesen tenido una idea de la grandeza, del valor y del rendimiento del país que defendían, jamás hubieran permitido que este país en una hora decisiva pasase, mediante el engaño, a manos de altos estafadores políticos y negociantes. Se hubiesen resistido a ello con fanático celo y jamás hubieran sufrido que los terribles sacrificios ofrecidos en los frentes fueran perdidos y desperdiciados en un solo día.

Nosotros, los alemanes, no éramos antes un pueblo mundial y por este motivo tampoco ejercíamos una política mundial. Al estallar la guerra estaba a la cabeza de la Nación un hombre que era tan mal filósofo como estadista.

Más tarde no se aprendió de las fallas de este hombre, antes bien, los hombres de Estado alemanes se hicieron no más jóvenes, sino más viejos, mientras que en el lado adversario ocurrió lo contrario. Allí estaban verdaderos hombres al timón, brutales hombres poderosos, que no se hallaban cargados con el peso de ninguna especie de sentimentalismo sino que eran desconsiderados en el aprovechamiento de los medios de poder del Estado. No hicieron deliberar durante semanas a sus parlamentos sobre si un marinero rebelde podía ser fusilado, sino que tuvieron los nervios de fusilar a los culpables. Nosotros, los alemanes, hemos ganado brillantemente la guerra en el aspecto militar, pero la hemos perdido en lo político en toda la línea. No teníamos una meta en la guerra y no ejercíamos una política mundial. Por un alborotado entrevero de metas bélicas el proletario debía empeñar su vida. Y así sucedió que nuestro frente cedió, nuestro pueblo se quebró y el concepto de estado popular no tuvo persistencia ante la dureza de la evolución histórica, después de una guerra conducida heroica y valientemente debió irrumpir la terrible catástrofe. Los rectos, los mejores, los patriotas alemanes de la acción en las grises semanas de noviembre desesperaron del futuro de su pueblo, y muchos de ellos sucumbieron.

Hoy vemos distinto las cosas. Reconocemos la vinculación orgánica y la
conveniencia de esta evolución y comprendemos las proféticas palabras de Moeller van den Bruck: "¡Debimos perder la guerra para ganar la Revolución!”. Si partimos del concepto de que la guerra ya representaba una parte de la Revolución, que si bien no alteró la situación ejerció su efecto en los hombres, llegamos a la conclusión: debimos perder la primera parte de la Revolución para tomar conciencia de nosotros mismos en el segundo, tercero y cuarto acto, y para finalmente, a pesar de todo, vencer.

Después de finalizar la guerra la parte adversaria había inventado para Alemania un Tratado de Paz que con sutil refinamiento tenía la finalidad de aniquilar la nación de los alemanes y borrarla definitivamente de la lista de las potencias mundiales. Esto los partidos del sistema de Weimar nunca lo reconocieron. Hace tan sólo pocos años hasta la prensa burguesa de Alemania se espantaba ante la palabra "tributo" y se defendía la opinión de que ya la simple mención del Pacto de Oprobio de Versalles, sólo servía para envenenar la relación con "naciones aliadas en amistad".


Nosotros, los nacionalsocialistas, en tarea que se extendió durante años pusimos en claro a nuestro pueblo acerca de la complicada realidad de los métodos de esclavización adversarios. Hoy todo escolar conoce en Alemania las terribles consecuencias de Versalles y ya no hay ningún alemán que no vea claro respecto a la transcendencia del Convenio Tributario. Pero todavía hace 15 años el Canciller alemán del Reich amotinado, pudo presentarse ante la Nación y a la vista de este Tratado de Oprobio acuñó la expresión: "¡El pueblo Alemán ha vencido en toda la línea!" ¡Qué transformación se ha efectuado en estos 15 años de lucha! En efecto, se puede decir: los pueblos no son siempre los mismos, en ellos están todas las predisposiciones para el bien o para el mal y siempre depende de sus conducciones si las naciones se deciden por lo bueno o por lo malo. El pueblo alemán de hoy no debe ser comparado con el de 1918, así como tampoco las masas de 1918 pueden ponerse en parangón con la Nación de 1914: aquí se trata de mentalidades absolutamente distintas, de un modo de pensar diferente, de un nuevo sentido de comunidad y de otra solidaridad interior.

Hemos descripto los métodos de la conquista del poder y expuesto las raíces de nuestro ser. Es necesario aclarar ahora todavía algunos conceptos básicos que han de abrirnos paso para la última comprensión del mundo de ideas nacionalsocialista. Hoy se oye a menudo decir: "¡El Nacionalsocialismo quiere el Estado total!" Aquí reside un gran error, porque el Nacionalsocialismo aspira no a la totalidad del estado, sino a la totalidad de la idea. Esto significa la realización integral de aquella visión por la que se ha luchado en el último decenio y que hemos llevado a la victoria. Tiene su aplicación en la totalidad de la vida pública de la Nación y tampoco se detiene ante los terrenos de la economía, la cultura o la religión. En Alemania ya no puede haber ningún establecimiento de relaciones (Verhaltnissetzung) que no corresponda al ángulo visual nacionalsocialista.
A menudo se sostiene la opinión de que el Movimiento Nacionalsocialista será presa de la disolución porque posee el poder y ha aniquilado a todos los restantes partidos. Como argumento para este enfoque se dice que, por cierto, hoy "todos somos nacionalsocialistas". ¡Esto no es exacto! Aunque todo un pueblo pueda pensar milicianamente, no por ello renuncia a su Ejército como plantel propiamente dicho de postura militar. Sólo en caso de excepción todo el pueblo es soldado, pero por regla general es la prerrogativa de una minoría selecta.


Otro ejemplo: un intendente de teatro tiene gran interés en que la mayor cantidad posible de personas visiten su teatro. Pero no es posible que todo concurrente al teatro suba al escenario a suplir al actor. Este derecho no puede ser adquirido ni por la más asidua concurrencia al teatro; la entrada a la pequeña jerarquía de intérpretes artísticos debe ser conquistada en ardua labor.
No cada cual puede ponerse el manto de héroe o visto políticamente- adherirse el distintivo partidario y declarar que es un auténtico nacionalsocialista. Si un laico se pone una toga, dista mucho aún de ser un gran trágico. Por el contrario, al gran trágico se le reconoce también sin toga y el diletante solo se pone la toga porque carece del talento para ser trágico. Así también el partido siempre debe seguir siendo la jerarquía de la conducción Nacionalsocialista.

Siempre y constantemente su minoría debe exigir la prerrogativa de la conducción estatal. Ella tiene la obligación de mantener abierto el camino a la juventud alemana que quiere incorporarse a su jerarquía. Pero más allá de ello, su jerarquía tiene menos prerrogativas que obligaciones. Ella es responsable de la conducción del Estado y alivia al pueblo de esa responsabilidad. Ella tiene la obligación de conducir su Estado para bien y en provecho general de la Nación.

Cometeríamos un error de graves consecuencias si colocásemos el Movimiento Nacionalsocialista al mismo nivel en el que estaban antes los partidos burgueses y marxistas. A partir de sus más pequeños comienzos el Nacionalsocialismo se propuso la meta de destruir a todos los otros partidos y de sustraer a los seres humanos a sus influencias encostradas. Por eso hoy no se puede modificar nada en las premisas programáticas más esenciales del Movimiento Nacionalsocialista. Su mirada al futuro permanece clara e inequívocamente en la estructuración de sus propios contenidos programáticos, el se apoya sobre los intransigentes y no depende del carácter cambiante y oscilante de la masa.


En muchos casos llega a nosotros, los nacionalsocialistas, la secreta propuesta de modificar esta o aquella terminología de nuestro Programa. Se dice: "¿Por qué os llamáis socialistas? ¡Social, en realidad, es enteramente suficiente! ¡En este último término somos, pues, todos sociales! Quitad pues, esta palabra hiriente y entonces habría completo acuerdo." No, eso no lo podemos hacer nosotros, los nacionalsocialistas, porque es algo fundamentalmente distinto si mi postura es "social" o "socialista", si nuestra postura es "nacional “o "nacionalista". Al concepto de "nacional “casi siempre la palabrita "también", y esto es lo decisivo. Aquí se separan 2 mundos.


Para el nacionalsocialista, empero, lo que el otro enfatiza como característica de su posición "nacional" es completamente insignificante. Para él no valen las exterioridades, sino que se ha consagrado con carne y sangre, con cuerpo y alma a su pueblo.


Nunca el genuino nacionalsocialista pronunciará la frase hueca: "es dulce y decoroso morir por la Patria." Para ello es demasiado honesto y le repugna degradar su permanente disposición a la entrega con la frase chacharera en el parquet del público pequeño burgués.
Lo mismo vale para el concepto de socialismo. "¡Yo soy social!" Esto lo dice generalmente un director de banco, un síndico, un dueño de fábrica o un funcionario de elevada posición. Ellos quieren instalar hospitales y reformatorios para ayudar a los pobres seres humanos; admiten que así no se puede continuar y que algo debe ser cambiado. El socialista está por encima de esto. Él está en el punto de vista: "todos nosotros debemos llegar a ser un pueblo, para que la Nación pueda salir airosa de la prueba.

Cualquier sacrificio es justo para esta transformación en pueblo. Yo pertenezco a mi pueblo en los buenos y en los malos días y llevo con él, alegría y dolor. No conozco clases, sino que me siento obligado única y exclusivamente a la Nación"
El Nacionalsocialismo no piensa en lo más mínimo en una nivelación del pueblo alemán y reconoce todo rendimiento que destaca al ser humano de la multitud de sus contemporáneos. Pero, en el fondo todos somos iguales ante la muerte, ante el peligro y ante la prueba, y a esta igualdad también queremos darle expresión cuando nos profesamos los unos por los otros y jamás permitimos que entre nosotros se abra un abismo; porque cuando alguna vez lleguen los tiempos del peligro nuestro pueblo dependerá de su solidaridad interior.
Desde este ángulo debe también ser considerada la muy discutida cuestión judía. También en este caso no tiene importancia el sacrificio individual, sino única y exclusivamente el bien de la Nación.
Nosotros, los nacionalsocialistas, estamos desde hace un año y medio en el poder. Al hacernos cargo del gobierno pusimos como condición al pueblo alemán un tiempo de reconstrucción de 4 años. Más de un cuarto de este tiempo ha transcurrido y nadie podrá afirmar que ha pasado desaprovechado. Ciertamente, se nos puede enrostrar con mucha malevolencia y dialéctica, cuánto aún no está hecho. Pero nosotros podemos afirmar con orgullo que en nuestro Estado se ha rendido lo humanamente posible. No hemos vaticinado milagros, y por lo tanto, nadie debía esperar milagros. Desconsidera y continuamente hemos intentado terminar con los males de la época y sus efectos.
Nosotros, los nacionalsocialistas, hemos solucionado en Alemania problemas que eran considerados como insolubles: el problema de la reforma del Reich, el reordenamiento de los estamentos, la discordia partidaria y la creación de la unidad del pueblo en el aspecto político, espiritual e ideológico. Nuestro gobierno ha hecho que se librase una lucha exitosa contra el desempleo como jamás sucedió en el viejo sistema. El atacó con inaudito coraje la penuria invernal y también continuará en el futuro con obsesión la lucha contra la terrible enfermedad de la época: la desocupación.
Durante el pasado año el pueblo alemán ha recibido, a través de la experiencia, una enseñanza respecto al Nacionalsocialismo como mejor no se hubiera podido desear. El que antes se nos enfrentaba con enemistad y escepticismo ha ganado hoy la convicción de que con honesta voluntad nos hemos abocado exitosamente a la solución de los más graves problemas. ¡Mucho queda aún por hacer! Caminamos con potencia juvenil hacia el porvenir, y el pueblo alemán a pesar de penas y miseria no tiene motivo para desesperar, porque está parado ya hoy nuevamente en el suelo de su propia fuerza.

"ALEMANIA NO SE HUNDIRÁ SI TENEMOS EL CORAJE DE SER MÁS FUERTES QUE LA PENURIA QUE HA TODOS NOS HA ECHADO POR TIERRA"

* Publicado en 1935 en la famosa colección Escritos de la Escuela Superior Alemana de Política. (Nota del editor).

viernes, 8 de enero de 2010

SS. La Orden Negra

La SS (Szhutz Staffel, escuadrilla de protección), fue formada originalmente como guardia personal de Hitler (año 1922) y en 1925 adquirió sus verdaderas características y su primer jefe, Bertchtold. En un principio estaba subordinada a la SA, aunque con el tiempo adquirió un papel preponderante. En los primeros años, la SS se limitaba a entre 200 o 300 hombres, repartidos por decenas por toda Alemania. En 1929, con el mandato de Himmler, pasaron rápidamente a 1000 y en 1931 eran 14.964 hombres, para estabilizarse entre 209.000 en 1933 y 238.159 en 1938. En 1945 llegará a tener cerca de 1.000.000 de hombres, originarios de toda Europa y de otros países de Asia.


Es el 4 de noviembre de 1921, cuando el partido nacionalsocialista (NSDAP) alquila la sala de fiestas de la Hofbräuhaus para tener una reunión. Los “rojos” habían tomado la decisión de impedir hablar a los “nazis”. Para los dirigentes marxistas y comunistas, en efecto, era ya demasiado evidente que el nuevo movimiento estaba ganando cada vez más al proletariado, gracias a sus ideas sociales y nacionales y a la política de su caudillo. Habían decidido que Hitler no debía hablar, ni aquella tarde ni en ninguna otra ocasión. A las 20 horas la sala estaba llena de “rojos” que amenazantes empuñaban jarras de cerveza y los simpatizantes de Hitler estaban fuera, en la plaza. Tan sólo los organizadores consiguen atravesar la masa hostil de reventadores y entrar. Con ellos entran también cuarenta y cinco jóvenes patriotas del servicio de orden que, como tal, tienen aquella noche su prueba de fuego. Aquellos cuarenta y cinco muchachos pueden ser considerados el núcleo sobre el que se forjará la futura SS y por consiguiente lo que serán las futuras Waffen-SS.

Pero ¿quiénes eran estos SS?.
Para saber esto, hemos de retrotraernos al desastroso final de la primera guerra mundial, cuando Alemania fue traicionada desde dentro por políticos vendidos al enemigo interno de la propia nación: el marxismo y sus patrones, esto es, el capitalismo internacional. El enemigo interno, según los patriotas alemanes, era más peligroso y farsante que aquel que habían afrontado en las trincheras. Para defender la Patria del marxismo y del capitalismo internacional, los excombatientes se unieron en “cuerpos francos”, restos irreductibles del ejército regular que seguían considerándose en guerra. El 4 de febrero de 1920, en la sala Hofbräuhaus de Munich tiene la primera reunión de fundación del partido nacionalsocialista. En el mismo año, a finales de verano, el partido toma las siglas definitivas de NSDAP (National Socialistische Deutsche Arbeiter Partei) y organiza su servicio de orden. Desde el 4 de noviembre de 1921, el servicio de orden del NSDAP viene a llamarse SA. En este período, la adhesión de Ernst Röhm (héroe de Verdún, organizador de los Cuerpos Francos Bávaros) al NSDAP empuja a muchos componentes del cuerpo franco para la causa nacionalsocialista. Gracias a la capacidad organizativa de Röhm, en el espacio temporal de seis meses la SA se militarizan. Hacia finales de marzo de 1923, Herman Göring asume el mando, para toda Alemania, de un verdadero y propio ejército que se constituye en compañías y regimientos dotándose de fusiles, ametralladoras y algunas granadas.



En el interior de esta SA, se distingue una pequeña formación con una tarea específica: la defensa de la pureza nacionalsocialista y de su Caudillo. Este grupo de élite reune a los primeros partidarios del movimiento y es en principio llamado Stabwache (Guardia del Cuerpo). Muy pronto asumirá el nombre de Stusstrupp Hitler (Tropa de asalto de Hitler) y tendrá como dirigente al exteniente Bertchtold, y como insignia el emblema perteneciente a los húsares imperiales, la calavera.

Entre el 8 y 9 de noviembre de 1923, se frustra el Putsch organizado por Hitler en Munich. Poco menos de un año después, apenas salido de la prisión de Landsberg, Hitler pide noticias de su movimiento y se pone a reorganizarlo. Al cabo de dos meses, junto a cuatro mil partidarios reconstituye el Partido. En el segundo aniversario del Putsch, el 9 de noviembre de 1925, Hitler decide reconstituir la Stosstrupp, y confía la misión a un fiel guardia del cuerpo: Julius Schreck. La nueva organización será denominada Szhutz Staffel (Escuadrilla de Protección) y será más conocida como la SS.

El 6 de febrero de 1929 es confiado el grado de Reichsführer-SS al joven Heinrich Himmler, quien a propósito de la SS se expresa así: “La SA constituye la tropa. La SS somos la Guardia. Y siempre ha existido una Guardia. La han tenido los persas, los griegos, Julio César y Napoleón y el viejo Fritz. La Guardia de la Nueva Alemania somos los SS”.


A principios de 1930, los SS no son más de 2.000, pero rigurosamente jerarquizados y bien organizados. Hitler, que necesita una policía interna para su movimiento, elige a la SS para esta tarea. Dentro de la SS se crea un nuevo organismo: la Sicherheitdienst (servicio de seguridad) confiado a Reinhard Heydrich. Cuando en enero de 1933 el nacionalsocialismo toma el poder, la SS cuenta con cerca de 50.000 hombres. Es preciso entonces hacer un gran esfuerzo interno para depurar el Cuerpo y librarlo de oportunistas de última hora.



El 30 de junio de 1934, la SS, a las órdenes del mismo Hitler, desbarata la conspiración urdida por Röhm y por algunos dirigentes de la SA. Es la “noche de los cuchillos largos”. En 24 horas es restablecido el orden y la SS es elevada al rango de organización independiente.


Se establecen los destacados Castillos de la Orden, donde los SS se fortalecen física y espiritualmente. En sus filas serán admitidos sólo jóvenes que habían militado ya en las Hitler-Jugend y cumplido sus obligaciones nacionales en la Arbeitsdienst y en la Wehrmacht. En 1935 el Instituto Ahnenerbe (Herencia de los antepasados), pasa a depender directamente de la SS, bajo cuyo impulso se orientará en tres direcciones: la herencia (Erbe) propiamente dicha, su expansión (Raum) y el espíritu (Geist). De esta manera, además de crecer en la estructura puramente militar, la SS crece también como patrimonio cultural y religioso. Tendrán incluso su propio centro sagrado en el castillo medieval de Wewelsburg, en Westfalia.


Será en la guerra cuando los SS adquieran una dimensión propiamente político-espiritual. Ahora, se unirán voluntariamente a su insignia hombres de diversas partes del mundo, animados por la defensa de su cosmovisión y luchando contra el enemigo común de la humanidad.


En las Waffen-SS lucharán juntos miles de alemanes, albaneses, armenios, valones (belgas), bosnios, búlgaros, caucásicos, checos, cosacos, croatas, daneses, eslovenos, estonios, finlandeses, flamencos (belgas), franceses, georgianos, griegos, hindues, holandeses, húngaros, italianos, kirgüises, letones, lituanos, noruegos, rumanos, rusos, serbios, tártaros, turcomanos, ucranianos, uzbecos…




Los SS eran instruidos para velar por la seguridad interna de la nación y para la propagación de la concepción nacionalsocialista del mundo. De esta forma, eran animados a alcanzar los mejores resultados en todos los terrenos, tanto civiles como militares, intelectuales o deportivos. Debían encarnar y enseñar una fe y una visión del mundo revolucionarias y tradicionales. Sin embargo, en la óptica de la SS, los caracteres revolucionario y tradicional no son contradictorios. El primero representa, según ellos, un ataque directo contra el sistema judeocristiano social y moral establecido, y el segundo preconiza el reconocimiento de los valores tradicionales inmutables que proceden de la esencia racial del pueblo. Por el alistamiento voluntario en sus rangos apelaba al espíritu militante y al sentido de la responsabilidad y de la fidelidad indisociables de la condición de hombre libre. La SS adquiría también el carácter de una sociedad dentro de la sociedad por las reglas internas particulares y la ética que se había dado a sí misma. Realizaba ya en su seno lo que debía devenir el porvenir de Europa y luego del mundo, en la óptica de los nacionalsocialistas.



La instrucción militar de los SS tenía por ideal crear una fuerza de élite superior, que hiciera de estos soldados, hombres vigorosos, firmes, duros y disciplinados. Los soldados estaban en el patio de armas a las seis de la mañana, momento en el que realizaban diversas actividades físicas de ejercitación, endurecimiento y fortalecimiento físico. Posteriormente, practicaban ejercicios como combate cuerpo a cuerpo, tiro al blanco e instrucción. Tras esto tenían un descanso para comer y luego volvían al campo de entrenamiento físico. Por la tarde llevaban a cabo tareas de mantenimiento de material e instalaciones. Luego realizaban divesas actividades de estudio y de dominio de la voluntad.


En la iniciación SS, era fundamental vigorizar fortalecer y endurecer cuerpo y mente, para lo que se realizaban ejercicios de gimnasia, largas marchas y entrenamientos de combate, así como el estudio, consiguiendo que los SS fueran inmunes al dolor, al sufrimiento y finalmente a la muerte.



La formación politica comenzaba con la historia del N.S.D.A.P. (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes). Posteriormente, los soldados recibían una formación intensiva sobre la historia de las SS y sus leyes raciales. Finalmente, se enseñaba al recluta, de forma muy meticulosa y elaborada, quiénes son los enemigos de Europa, de Alemania y de la raza aria. También se instruía a los SS en la historia, las runas, la religión, la mitología, la arquitectura, la astronomía, el simbolismo cósmico y una amplia variedad de temas, para lo que existían los correspondientes departamentos internos.



Los SS realizaban un juramento de lealtad con la Patria y la Raza que les llevaba casarse con mujeres de caracteres raciales aryos. Las bodas se llevaban a cabo en un edificio perteneciente a las SS, decorado con girasoles y varios signos rúnicos. Igualmente las SS preservaban a sus miembros de cualquier desviación antinatural, contraria o peligrosa para la integridad personal, racial y la supervivencia de la estirpe. Así, tras una ley promovida por Himmler en 1937, una desviación de ese tipo, llevaría a una inmediata expulsion del cuerpo.

Es de destacar entre sus símbolos sagrados el “anillo de honor” de las SS, el cual era entregado a sus soldados cuando eran dignos del mismo. Era un anillo de plata con una calavera atravesada por dos huesos y con signos rúnicos grabados. Éste servía de protección para el que lo ganara y fuera capaz de incrementar su pureza física y mental, debiendo no separarse del mismo hasta la muerte.



WEWELSBURG


La SS restauró el castillo de Wewelsburg, en Paderborn, Westfalia. Situado en una colina, la fortaleza data del año 1123. La SS lo adquirió y situó ahí su sede central permanente y su Academia Militar para los oficiales superiores. Tanto Castel del Monte, en Sicilia, como Wewelsburg, son fortalezas ideadas por geománticos y erigidas en lugares de poder.

Básicamente, el castillo es concebido como un omphalos o centro del mundo: un punto que reune al hombre ario, purificado y redimido de su mezcla con “razas animales”, con la Madre Tierra y el Cielo, reintegrándolo así en la unidad original, un anillo sagrado de poder que se había roto como consecuencia de su Caída en la imperfección. En este caso, el vínculo Cielo-Hombre-Tierra que los seguidores völkisch anhelaban restablecer, debía realizarse con una estructura templaria en la cual, mediante ejercicios rúnicos y una yoga aria, sería canalizada la fuerza cósmica que vinculaba al hombre con su propio medio biológico, social y espiritual.

La forma del castillo representa una flecha perpendicular al tradicional eje este-oeste, y orientada en sentido sur-norte, de tal forma que la torre norte representa una punta de flecha que apunta al norte. En el proyecto definitivo ideado por la SS, advertimos la construcción de varios edificios que vendrían a rodear el castillo. Todo el proyecto, según Kirsten John-Stucke, la historiadora responsable del conjunto arquitectónico, revela un aspecto esotérico. El castillo mismo puede ser una representación equivalente a la de la “lanza de Longino” que hirió, según la leyenda el costado de Cristo, cuya punta estaría constituida por la torre norte y centrada en la cripta. El meridiano sur-norte y la orientación hacia el polo, indican, como en el caso del nombre de la Orden de Thule, una voluntad de retorno al origen ario, con una dirección precisa (el norte); en realidad, el proyecto con forma de “lanza de Longino” o Lanza del Destino puede ser visto como un vector orientado hacia este punto específico. Se trata de la representación grálica del regressus ad uterum: la lanza fálica penetra el vientre de la madre tierra, que representa el aspecto femenino del Universo, y engendra así la raza aria, determinando así una renovación y un nuevo orden biológico para el mundo. En particular, la torre norte revela una esructura realizada por los arquitectos SS según un esquema muy preciso que también expresa una intención esotérica. A nivel del suelo se encuentra la Gruppenführersaal, una estancia circular con doce columnas y una rueda solar en el centro de la cual parten doce rayos formados cada uno por dos runas Sieg (Victoria), las mismas que se encuentran el el símbolo SS y forman la esvástica. Exactamente debajo de esta sala hay una cripta, llamada Walhallah como el Paraíso Nórdico y en la cual hay doce asientos de piedra y un círculo central, limitado por un pequeño muro también circular. En el techo, una esvástica representa unos motivos florales que generan un particular efecto de eco, perceptible sólo por quienes hablan dentro de dicho círculo sagrado.


Doce rayos, doce asientos en la cripta, doce Gruppenführer. No es difícil comprender el motivo de la repetición de este número simbólico si tenemos presente las ideas de Von Liebenfels y Von List. Tanto la ariosofía, como las doctrinas teosóficas, afirman que existe un núcleo de iniciados que, desde un centro esotérico u “ombligo del mundo”, que lo dirigen espiritualmente. De esta manera, los nacionalsocialistas buscaban recrear sobre la tierra el modelo espiritual. Podemos hablar pues de Wewelsburg como de un centro del mundo, donde las ceremonias tomadas del calendario sagrado germánico renovaban el pacto entre el hombre y el ser superior en cada final de ciclo.



SS-Ahnenerbe



Dentro del conjunto de Wewelsburg, estaba incorporada la sede de la SS- Anhenerbe, un instituto independiente cuya tarea era, según el escritor Andre Brissaud, “asuntos secretos del Reich” y comprendía desde lengua y literatura germánicas hasta yoga y zen, doctrinas esotéricas e influencias mágicas sobre el comportamiento humano, misiones arqueológicas y antropológicas, así como expediciones de exploración y estudios científicos.

Ernesto Milá en su estudio, nos dice que la sección esotérica estaba a cargo de Friedrich Hielscher. La dirección ideológico-cultural que la Ahnenerbe ejerció sobre la SS se fue haciendo más notable con el tiempo. La Ahnenerbe, creada en julio de 1936, asumirá a finales de ese año el control de la revista SS “Norland” y en 1942 será muy notable su presencia formativa en las escuelas de oficiales de la SS.

Desde 1936, realizaron excavaciones arqueológicas, conservaron monumentos de la historia alemana (incluídas la sinagoga Staranova de Praga del siglo XIII o el cementerio de Worms, en el Rheinland, etc.), construyeron monumentos en homenaje a los héroes de la revolución nacional-socialista, crearon departamentos dedicados a danzas populares y canciones tradicionales, estilos regionales, folklore, leyendas, geografía sagrada, ciencias paranormales, etc.

En Wewelsburg, incluso los objetos más comunes, como los cubiertos o teteras, representaban runas y signos mágicos, dando testimonio de una total inmersión en un universo diferente, alquímico por su deseo de transformar el mundo y el hombre en el mundo y el hombre aryo. La Sociedad para la Promoción y el Mantenimiento de los Monumentos Germánicos, fundada por la SS en 1936, era el departamento de la Ahnenerbe encargado de buscar lugares y monumentos de la antigüedad germánicas para restaurarlos. En Wewelsburg se planificaron las misiones SS-Ahnenerbe al Tíbet y al desierto del Gobi y los nacionalsocialistas llegaron incluso hasta América del Sur y la Antártida en busca de la entrada del legendario reino subterráneo de Agartha.



El Movimiento Nacional Socialista creó las Órdenes Hitlerianas, según la concepción de la jerarquía en el nacionalsocialismo. Estas escuelas estaban abiertas a miembros que hubieran dado pruebas de su adhesión al partido, ofreciendo un historial de más de cuatro años de antigüedad a la SA, la SS o en las filas de la Juventud Hitleriana. Los Ordensburg, o burgos de la Orden, eran tres en total: había, sucesivamente, Crossinsee (en Prusia Oriental), Vogelsang (en Renania) y Sonthofen (en Baviera). Estos burgos o villas germánicos, que tenían tanto de castillo fortificado como de monasterio medieval, hacían pensar en el Krak de los Caballeros (recinto fortificado de Siria de tiempos de las cruzadas), tan importante era su arquitectura. El marco había sido cuidadosamente elegido, y esas tres construcciones se elevaban en medio de un paisaje de landas y de bosques. La dirección de estos burgos dependía del NSDAP, es decir, el partido Nacional Socialista, y no de la SS; sin embargo esta enviaba allí profesores y alumnos para que perfeccionaran su formación política y espiritual.

Es interesante señalar que cada uno de estos tres burgos estaba especializado en una actividad muy particular, puesto que de estos tres establecimientos debía surgir una Orden llamada a tomar el relevo del Partido. Entre el millar de hombres que anualmente salieron del ciclo de los tres Ordensburg no había más que SS.

A partir de 1938, además de estos tres burgos, la formación de la Waffen-SS, estaba garantizada por una escuela militar, cuatro escuelas técnicas destinadas más concretamente a la formación de especialistas de la información militar (en Torgau, a orillas del rio Elba), de contraespionaje interior y exterior (Bernau, cerca de Berlín), de la Gestapo y de los comandos (Friedensthal), y por fin, de oficiales de Estado Mayor.

En conclusión, los oficiales superiores SS, y sólo ellos, completaban su formación intelectual y política en el marco de estos tres Ordensburg: a partir de 1940 debían, por otra parte, representar la totalidad del efectivo de los burgos, es decir, cinco promociones.

Hemos señalado que los Ordensburg dependían de un ciclo común de estudios, del cual eran sus tres eslabones. La especialización de cada uno era la siguiente:

Crossinsee incidía en el entrenamiento físico y militar, Vogelsang en la preparación en el terreno político y espiritual y finalmente, Sonthofen en la formación profesional superior, a saber, la preparación para las carreras políticas, diplomáticas y militares.

En Crossinsee se iniciaba el ciclo de enseñanza de los que serían futuros líderes de Alemania. En esta villa de Prusia Oriental, los alumnos desarrollaban especialmente la resistencia física y el carácter. El deporte empezaba en cuanto los internos se levantaban, a las seis de la mañana, y se proseguía durante toda la jornada bajo las formas más diversas; una dura formación propiamente militar alternaba con estos ejercicios físicos. A su vez, se enseñaba a los alumnos “urbanidad”, esto es, comedimiento, atención y buen modo, ayudándoles a perfeccionarse en su forma de desenvolverse ante los demás, su postura, su educación y en definitiva las normas de convivencia para las diversas actividades sociales que la vida comporta. Se realizaban conferencias y seminarios sobre métodos de acción, siendo el objetivo que guiaba esta primera formación, la liberación de todas las convenciones burguesas decadentes.

La enseñanza que se daba en Sonthofen repudiaba lo supérfluo y se contentaba con formar los hombres políticos y los diplomáticos. En esta villa bávara, cada pensionista se perfeccionaba en la educación particular para la que había optado: político, diplomático, carrera de armas.

En Vogelsang, se procedía a la educación política y espiritual de los Schlungsant-SS, es decir, de los educadores pertenecientes al personal de este cuerpo. A partir de 1940 formará la parte esencial del cuerpo de profesores. “Mein Kampf” era la base de la enseñanza política. Además se enseñaban ciencias políticas, administración, historia, biología y economía, con primacía de lo político sobre lo económico. La historia abarcaba un vasto programa, que se iniciaba con la leyenda de Hiperbórea y se proseguía con el estudio del mundo antiguo, la Edad Media y se terminaba en el período contemporáneo con la historia del movimiento Nacional Socialista. El estudio de la historia se comprendía particularmente en el estudio de las obras de Gobineau, H. S. Chamberlain y Alfred Rosenberg.

Al respecto de la formación que recibían los jóvenes, es interesante destacar lo que Hitler dice en “Mi Lucha” (volumen II, capítulo 2: el estado), ya que nos sitúa en cuales eran las prioridades nacionalsocialistas a la hora de la educación de la juventud alemana:
“Si consideramos como el primer deber del estado la conservación, el cuidado y el desarrollo de nuestros mejores elementos raciales, para el servicio y por el bien de la nacionalidad, lógico es, pues, que ese celo protector no acabe con el nacimiento del pequeño congénere, sino que el estado tiene que hacer de él un elemento valioso, digno de reproducirse después.



Debido a que la condición esencial para la capacidad de realizaciones espirituales es la virtud racial, la educación debe tener en mira, en primer lugar el perfeccionamiento físico, porque es en los individuos sanos y fuertes donde se encuentra la mayor capacidad intelectual. No desmiente nada esa verdad el hecho de que muchos genios son físicamente malformados y hasta, incluso, enfermos. Se trata, en estos casos, de excepciones, que apenas confirman la regla general. Si la masa de un pueblo está compuesta de degenerados físicos, muy raramente surgirá de ese pantano un espíritu realmente grande. De su comportamiento no es lícito, en ningún caso, esperar gran cosa. Esa masa inferior, o no lo entenderá en absoluto, o será tan débil de voluntad que no logrará acompañar al genio en sus altos vuelos.


Fundándose en esta convicción, el estado racista no limita su misión educadora a la mera tarea de insuflar conocimientos del saber humano. No, su objetivo consiste en primer término, en formar hombres físicamente sanos. En segundo plano está el desarrollo de las facultades mentales y aquí, a su vez en lugar preferente, la educación del carácter y, sobre todo, el fomento de la fuerza de la voluntad y de decisión, habituando al educado a asumir gustoso la responsabilidad de sus actos. Sólo después de todo esto viene la instrucción científica.



El estado racista debe partir del punto de vista de que un hombre si bien de instrucción modesta, pero de cuerpo sano y de carácter firme, rebosante de voluntad y de espíritu de acción, vale más para la comunidad del pueblo que un superintelectual enclenque.



Un pueblo de sabios, físicamente degenerados, se vuelve débil de voluntad y se transforma en un hato de pacifistas cobardes que nunca realizará grandes hazañas y ni incluso podrá asegurarse la existencia en la tierra. (...)
Lo que hizo imperecedero el ideal de la belleza griega fue la armonía entre la perfección física, espiritual y moral.


El refrán popular, según el cual “la felicidad, a fin de cuentas, se reserva siempre a los más capaces”, también se puede aplicar a la armonía que debe existir entre el cuerpo y el espíritu. El espíritu sano generalmente coincide con el cuerpo sano.


Por tanto, el perfeccionamiento físico no constituye en el estado racista una cuestión individual, ni mucho menos algo que incumbe en primer lugar a los padres, interesando a la comunidad sólo en segundo o tercer término, sino que es una necesidad de la conservación nacional representada y garantizada por el estado. (...)
La labor educativa del estado deberá estar organizada de tal suerte que el cuerpo del niño sea tratado convenientemente desde la primera infancia, para que así adquiera el temple físico necesario al desarrollo de su vida. Sobre todo, velará porque no se forme una generación de sedentarios.


Este trabajo de educación y asistencia debe ser iniciado por las madres.
Fue un craso error tener hoy, incluso en el programa de las escuelas de grado medio, reservadas a la gimnasia solamente dos horas por semana, y esto incluso sin carácter obligatorio. No debería transcurrir un sólo día sin que el adolescente deje de consagrarse, por lo menos durante una hora por la mañana y durante otra por la tarde, al entrenamiento de su cuerpo mediante deportes y ejercicios gimnásticos. En particular no puede prescindirse de un deporte que, justamente ante los ojos de muchos que se dicen “racistas”, es rudo e indigno: el pugilato. Es increíble cuán erróneas son las opiniones difundidas a este respecto en las esferas “cultas”, donde se considera natural y honorable que el joven aprenda esgrima y practique con espada, en tanto que al boxeo se lo conceptúa como rudo. ¿Y por qué?. No existe deporte alguno que fomente como éste el espíritu de ataque y la facultad de rápida decisión, haciendo que el cuerpo adquiera la flexibilidad del acero. No es más brutal que dos jóvenes diluciden un altercado con los puños que con una lámina de aguzado acero. Tampoco es menos noble que un hombre agredido se defienda de su agresor con los puños en vez de huir para apelar a la policía. Antes que nada, el muchacho sano debe aprender a soportar golpes. Eso, a los ojos de nuestros “luchadores intelectuales”, puede parecer salvaje. Pero un estado nacionalista no tiene por misión fundar una colonia de estetas pacifistas o de degenerados físicos. El tipo humano ideal que busca el estado racista no está representado por el pequeño moralista burgués o la solterona virtuosa, sino por la retemplada encarnación de la energía viril y por mujeres capaces de dar a luz verdaderos hombres.


Es así como el deporte no sólo está destinado a hacer del individuo un hombre fuerte, diestro y audaz, sino también a endurecerle y enseñarle a soportar inclemencias. (...)
En un estado nacionalista, el ejército no existe sólo para enseñar al hombre a desfilar o para otros ejercicios militares, sino que debe ser la más alta escuela de la educación nacional. Naturalmente que el joven recluta debe aprender a manejar las armas, pero al mismo tiempo debe ser preparado para la vida futura. El objetivo principal de la instrucción militar tendrá que ser, empero, el mismo que otrora constituyera el mayor mérito del antiguo ejército: el lograr que esa escuela haga del joven un hombre; allí no solamente aprenderá a obedecer, sino a adquirir, asímismo, las condiciones que lo capaciten para poder mandar un día. Deberá aprender a callar no sólo cuando se le reprenda con razón, sino también –si es necesario– en el caso inverso. (...)
Cumplido el servicio militar, dos documentos deben extendérsele: 1º, su diploma de ciudadano, como título jurídico que lo habilite para ejercer en adelante una actividad pública; 2º, su certificado de salubridad, como testimonio de sanidad corporal para el matrimonio.


El estado racista puede orientar la educación de la muchacha, análogamente al procedimiento que se emplea con el muchacho, partiendo de puntos de vista iguales. También en este caso tiene que recaer la atención ante todo sobre el entrenamiento físico y sólo después sobre el fomento de las facultades morales y, por último, de las intelectuales. La finalidad de la educación femenina es, inmutablemente, formar a la futura madre”.


Alphonse de Chateaubriant, visitó en los años treinta el Ordensburg de Vogelsang, quedando agradablemente impresionado. En el siguiente texto, el reportero se refiere al comedor del burgo y a la bella armonía “perfecta” en la que este se halla presentado y decorado:
“Toda esta blancura se debe a la repetición de un millar de cubiertos inmaculados, cada uno con su impecable servilleta, dispuesta como una flor, al mismo tiempo que, cerca de cada copa en su jarrón de cristal, descansa en su vasta plenitud floral una gran margarita reina, brillante y lustrosa, que difunde sus rayos blancos, como una obra maestra salida del divino taller de los magos Meissen…”.


“Vosotros que, por intermedio de una somera lectura, recibiréis la impresión atenuada, pero sin embargo, auténtica, de este hecho singular, no tengáis ninguna duda: una blancura tan franca y pura y una expansión floral tan notable practicada por este millar de jóvenes, mañana los conductores de un pueblo, dice mucho en esta hora de suciedad sobre el valor de la sangre y el alma aportado por por estos hombres que se levantan para ser una fuerza inquebrantable. Dice mucho sobre lo que se elabora en el alma de los germanos, sobre lo que quieren salvar de sí mismos en sí mismos, extirpando los aspectos demoníacos de los humanos que, antaño merecieron o provocaron el diluvio. Dice mucho sobre lo que representó en el alma germánica la continuidad de esta flor de pureza que han proclamado los mitos de su raza”.


“Ante esta blancura perfecta, en el seno de la cual se han reunido estos mil jóvenes caballeros de Vogelsang, no puedo evitar de pensar en el alma de Lohengrin y de Parsifal, descubrir entre estas dos purezas una relación de fidelidad milenaria y descendencia indestructible, ver que, a través de la misma sangre, la pureza de la leyenda y la pureza del hombre nuevo se sostienen juntas en la misma rama del árbol de Dios”.


En 1960, Jacques Nobécourt, periodista e historiador, manifestaba: “La hipótesis de una comunidad de iniciados subyacente al nacionalsocialismo se ha impuesto poco a poco. Una comunidad (...) regida por principios ocultos mucho más elaborados que las doctrinas de “Mi Lucha” o “El mito del siglo XX” (de Rosenberg), y que utilizaba ritos cuyas huellas aisladas no se descubren fácilmente, pero cuya existencia a los analistas les parece indudable”.

La Lectura de “Cruzada contra el Graal”, del autor alemán, coronel SS y miembro de la Ahnenerbe, Otto Rhan, había sido declarada obligada para los oficiales superiores de la SS. El hecho de que su lectura fuera obligada demuestra que contiene la clave de la cosmogonía hitleriana, a poco que uno se moleste en buscarla.

Miguel Serrano, en su obra “Adolf Hitler, el Último Avatara" y en otras obras, afirma que el Führer no murió en el búnker de Berlín. “Los dirigentes secretos del Hitlerismo Esotérico partieron con él en dirección de los refugios polares de los Dioses Blancos, tal como antes lo hicieran los dirigentes desconocidos de los Templarios, los guías invisibles de los auténticos Rosacruces, de los Vikingos, de los Visigodos, de los Troyanos y de los Siddhas hiperbóreos”.

“Al franquear las entradas del mundo divino, las puertas de la Ciudad de los Césares, nos encontraremos con todos esos inmortales que allí han resucitado, pudiendo penetrar en una nueva velocidad del tiempo. La velocidad supratemporal de los Vimanas, de los Ovnis, como los llaman hoy. Y veremos cara a cara al Führer”. Mas para que todo esto pueda llegar a suceder, debemos antes alcanzar la Iniciación del Hitlerismo Esotérico. No se trata, entonces de ponernos a buscar por cumbres, lagos, ventisqueros, oasis antárticos, las entradas al mundo subterráneo, la Ciudad Alquímica de las mutaciones, la del plomo, Paititi, sin haber sido merecedores de cruzar el umbral gracias a una transformación previa y sincronística, lograda por medio de la Iniciación que hizo posible que los hitleristas esotéricos también fueran admitidos por “los que antes que ellos llegaron”, a esos Refugios de la Vida Eterna de la raza aria inmortal. Nadie que no sea un ario, un nacido dos veces, un iniciado, podrá penetrar ahí”.

Miguel Serrano afirma que fue en el Castillo de la Orden Negra donde se habría dado la iniciación a unos pocos elegidos para tratar de conseguir una aparición del Sonnenmensch, del Hombre-Sol, del Superhombre, gradualmente y por etapas. Primero, la transformación en hombre nórdico y luego la transformación de este en ario, pudiendo alcanzar hasta el hiperbóreo de los orígenes, con la consiguiente restauración del “órgano perdido”; esa “glándula” atrofiada, el tercer ojo, el Vril, ER (“La Columna que atraviesa el Cielo”), condición de la Raza Blanca original.



Al recuperarlos, el redescubrimiento del Vimana vendría a ser una consecuencia lógica, sincronística. El hecho de que los hitleristas hayan podido construir los Ovnis en los últimos años de la guerra, tal como nos lo afirma el “Militarisches Taschenlexikon” de la Bundeswehr, de la Alemania Federal de hoy (1985), nos está indicando que en el laboratorio esotérico alquímico del Ordensburg, del Castillo de la Orden Negra, de la Ahnenerbe o de algún otro sitio, se habría tenido éxito en la mutación producida por la Swástika Levógira, en el Camino del Retorno, por medio de esa Alquimia iniciática, recreando el hiperbóreo.

Según Serrano, “los directores secretos de las SS fueron desconocidos de las huestes uniformadas, manteniendo el contacto sólo con la cúspide visible, a menudo también anónima, de modo que nos asiste la duda de que el mismo Himmler les haya descubierto, debiendo este obedecer órdenes, que la mayoría de las veces le llegaban directamente del Führer o de alguna otra autoridad ignorada. El Castillo de Wewelsburg, en Westfalia, facilitaba la transmisión de poderosas energías nórdicas”.

“De haber podido seguir más años de trabajo de ese Laboratorio de Magia Levógira, sólo los Divyas saben a dónde habrían llevado a los SS. Por ello, el Señor de las Tinieblas, tembló en sus avernos descargando todas sus fuerzas antes de que también para él se hiciera demasiado tarde y el Yuga de los Héroes pudiera tener éxito en remontar la corriente fatal de la entropía y reimplantar la Edad Dorada. Vencer al tiempo, creando una nueva velocidad que lo superara”.

Miguel Serrano sigue diciéndonos que “si bien no llegó a cumplirse el plan SS para la restauración de la tierra, los desconocidos dirigentes SS alcanzaron la Gran Transmutación, dando fin algunos de ellos al “opus magnum”. Ni siquiera Himmler les conocía. Al igual que ocurriera con los templarios antes, estos Directores Desconocidos no fueron hechos prisioneros ni murieron en la guerra. Desaparecieron de un modo misterioso y nadie ha sabido nunca quiénes fueron ni a dónde partieron. Himmler y los otros dirigentes visibles de la SS no hicieron más que obedecer sus órdenes, ciñéndose a sus directivas, al igual que lo hicieran los templarios, y los propulsores de las leyendas escritas del Gral. Cuando poco antes del final, estos desaparecen, los dirigentes visibles se quedan huérfanos y toda la gigantesca estructura interna se desmorona en una hora, como al soplo de un viento venido de otro universo. Himmler empieza a deambular, habiendo perdido además el contacto con el Führer. En lugar de combatir hasta la muerte, entra en conversaciones con el presidente de la Organización Judía Mundial. No era más que un fantasma al que habían succionado su alma; habiendo perdido la iluminación telepática que lo inspirara un día para poder revivir un inmenso sueño en las tierras más sacras de los gigantes hiperbóreos del Esternsteine”.